El fuego no es sólo la llama que arde en la hoguera, ni tan siquiera el crepitar de la leña o el calor que de ella se desprende.
Fuego es la pasión que sentimos en el corazón cuando nuestra piel entra en contacto. Es lo que surge cuando nos susurramos al oído que nos amamos, cuando nuestros labios se unen y el sueño torna realidad, nuestra realidad.
Fuego es lo que se puede ver en nuestros ojos cuando nuestras miradas se encuentran fugazmente entre las tormentas que pretenden abatirlas.
El fuego no es sólo quemaduras y cenizas, ni tan siquiera el olor de un pasado tiznado de amarguras, desilusiones y despedidas.
Fuego son nuestras almas unidas para siempre muy lejos de este mundo de limitaciones, prejuicios y alas rotas.
Fuego es nuestra llama, esa que brota cuando mis caricias recorren tu cuerpo y tus besos encuentran mis labios, prendiendo con pasión y ternura el deseo de amarnos para siempre.
Fuego es compartir el mismo sueño y vivirlo, aunque para conseguirlo antes haya que olvidar, o incluso dejar morir alguna parte de nosotros mismos.
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