... caminábamos de la mano por la orilla de la playa desnudos al anochecer, sintiendo la brisa fresca sobre nuestros bronceados cuerpos, mientras el mar nos salpicaba los pies borrando las huellas que íbamos dejando a nuestro paso. Sutil metáfora del pasado que habíamos olvidado. Nunca hablamos del antes ni pensamos en el después, en ese momento sólo existía el presente y Nosotros.
Anoche, bajo las estrellas y con la Luna como único testigo, compartimos toda la intensidad que el Amor más pasional y puro es capaz de ofrecer. Nuestra piel aún conserva la memoria de las caricias, los labios con el sabor de la esencia del otro, y el sudor moteando nuestro cuerpo tras fundirnos en un sólo ser, en la noche de verano más cálida que recuerdo.
No hay ninguna combinación de palabras que pueda expresar ni de lejos todo lo que sentimos y compartimos. La intensidad de lo vivido fue tal, que caímos exhaustos tras decirnos con la mirada que nos amaríamos siempre...
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